Negativizar el positivo
Imaginemos que tenemos en nuestras manos una camára analógica (sí, de esas que van con película), y nos disponemos a hacer una foto de, digamos, nuestro propio reflejo en el retrovisor de una Vespa. Pues bien, la tarea de recuperar ese retrato hasta que podamos vernos a nosotros mismos es un alarde de fotoquímica e ingenio humano. Desde luego, no estoy contando nada nuevo, pues la fotografía ya viene respaldada con más de cien años de historia. Pero, la verdad, es que curioso es un rato.
El proceso fotográfico analógico trae consigo, de manera intrínseca, la necesidad de transformar la película, donde se toma la foto propiamente dicha, en un soporte físico que sea fácilmente reproducible. Este proceso, el revelado químico, consiste básicamente en transformar la película fotosensible en un material que ya no vuelva a reaccionar frente a la luz y pueda ser expuesto al medio ambiente. Esto se consigue mediante la consecución de varios químicos que, trabajando sobre la propia película, modifican su composición química a la vez que retienen la imagen. Esto se hace mediante el trabajo en equipo de los ilustres don Revelador, don Baño de paro, don Fijador y el no menos honorable don Lavado. Todos ellos, como si de un club social modernista se trata, tienen sus propias formas de actuar según el "estatus social" de los miembros (digamos, marcas de carrete) que vengan a participar de esta fiesta que es el revelado químico. De esta forma, una vez todos han quedado satisfechos, se obtiene el llamado "negativo", una imagen de luces y sombras invertidas que ha dejado de ser fotosensible. El siguiente paso es, lógicamente, obtener la fotografía final que reproduce fielmente aquello que fotografiamos y es fruto de nuestra visión fotográfica/artística y de nuestro trabajo en el laboratorio de revelado químico. Por ejemplo, nuestro ansiado retrato,

Genial, ya tenemos la foto. Ahora podemos deshechar el negativo y guardar o exponer nuestra amada fotografía.
Pero todo este follón parece haber quedado un poco obsoleto con la nueva era digital. Gracias a las nuevas generaciones de cámaras digitales, la imagen que descargamos directamente en nuestro ordenador es aquella que ya veíamos por el visor de la misma. ¡Eureka! Hemos conseguido reducir un proceso tan tedioso como preparar la fiesta del revelado en unos pocos clicks de ratón. Por supuesto, esto elimina el romanticismo de experimentar con productos químicos, moverse bajos luces infrarrojas y reconocer olores tan peculiares como los de don Revelado o don Baño de paro. Fantástico.
Y ahora yo me pregunto. ¿qué ocurre con eso que habíamos llamado "negativo"? Muy sencillo: parece haber desaparecido. En mi escasa trayectoria fotográfica, que ha surgido directamente en la era digital, no ha dado señales de vida. Claro, en los mundos del .jpg, .tiff, .giff y otros primos de nombres parecidos no existe. ¿Qué sentido puede tener hablar de él?
Pero, ¿es que no tiene ningún valor artístico por sí mismo? ¿no es más que un mero portador de imagen hasta alcanzar aquella fotografía que andábamos buscando en la era analógica? ¿no tiene cabida en la era digital? Pues, desde mi humilde opinión, creo que es un error.
Ahora bien, así como la era digital nos ha ahorrado la labor en un cuarto oscuro, también nos ha trasladado irremediablemente (por lo menos a aquellos que nos gusta) a la pantalla del ordenador. Indudablemente, éste es el nuevo estudio del fotógrafo. Y es aquí dónde una de las nuevas herramientas nos permite transformar "negativos analógicos" que previamente hemos escaneado en papel, en una imagen digital "real", es decir, con las luces y sombras correctos (e incluso los colores para los "negativos en color"). Con el programa Adobe Photoshop, por ejemplo, esto se puede hacer mediante la herramienta Imagen/Ajustes/Curvas/Negativo(RGB) tal y como vemos a continuación.

¿No es curioso? Vale, estupendo. Ahora os propongo una cosa. ¿Y si vamos un poco más allá y le damos la vuelta a la tortilla? No es una idea tan peregrina, y a poco que nos interese algo experimentar enseguida podemos probar a utilizar una imagen "positiva" e intentar "negativizarla" mediante esta herramienta. Lógicamente, se obtiene la imagen inversa a la original. Lo interesante de este método es conseguir resultados nuevos y diferentes, que estén algo lejos de lo que solemos ver por ahí.

Mi propuesta no es otra que intentar darle cierto valor artístico a estas imágenes invertidas, que no son más que intentos de "negativizar un positivo", tal y como titulaba al principio. Después de una temporada probando, he encontrado que las imágenes que mejor funcionan de esta forma son aquellas con una gran carga abstracta. Por supuesto, de nada sirve tomar una fotografía periodística del terremoto de Haití e invertirla, porque es definitivamente contraproducente. No se trata de eso. La idea es que el objeto adquiera un nuevo sentido, quizás una nueva perspectiva que sea sugerente a la vista. ¡Y sin perder la apariencia del color, ni mucho menos! Puede que incluso signifiquen nuevas cosas, como las siguientes imágenes. La primera, unas luces navideñas convertidas en una bacteria al microscopio. La segunda, una farola en las calles de Toledo transformada en un pozo de los deseos.


El resultado es muy probable que no agrade a muchos. Lo entiendo. Además redunda en la herida que ha abierto el retoque digital hoy en día. ¿Una foto no debería ser buena sin necesidad de retoques? Buf, esto ya es demasiado peliagudo para mí. Lo que está claro es que el arte no tiene límites. Y, lejos de considerar esto arte, ya que sería demasiado presuntuoso por mi parte, voy a alegar que a mí personalmente es una forma de expresión que me interesa seguir explorando. Veremos qué nuevos trabajos puedo encontrar de esta forma.
No quiero pretender con esto haber descubierto América, ni muchísmo menos. Simplemente son razonamientos que me hicieron experimentar un poco con este llamado procesado digital. Así también le doy un poco de sentido a esa sección de mi galería que he llamado "Affirmative".

No hay comentarios:
Publicar un comentario