El (En)nervio Óptico. Capítulo I

Los tostones de Navarone

Un poster muy apoteósico, fantástico.

  • Título original: The Guns of Navarone
  • Dirigida por: J. Lee Thompson
  • Fecha de estreno: 22 de Junio, 1961
  • Duración: 158 min.
  • Protagonizada por: Gregory Peck, David Niven, Anthony Quinn, Anthony Quayle, Stanley Baker
  • Sinopsis: Durante la II Guerra Mundial, un grupo de hombres de la fuerza aliada planean destruir una base nazi donde se encuentran los cañones más destructivos de todo el Mediterráneo, en la isla griega de Navarone. Sólo un arriesgado plan será capaz de evitar la muerte de miles de personas, la destrucción de una flota aliada y enderezar el curso de la guerra.

Con este resumen se presentaba esta película, cargada de leyenda por el paso de los años. Toda una "oldie" de casi 50 años, que ya empieza a achacar la degradación del tiempo. Mis espectativas estaban bastante altas, no sólo por los 6 millones de dólares que costó por aquella época, sino por las buenas críticas oídas sobre ella. Pero no es oro todo lo que reluce, ni mucho menos.


Los Cañones de Navarone. Gregory Peck en estado puro.

La historia no nos presenta nada nuevo en realidad, sino todo lo contrario. Veamos. Todo comienza de manera algo abrupta preparando una misión que se presenta, como no, de la mayor índole suicida, pero de cuyo éxito depende la supervivencia de una flota aliada de importancia vital. Su protagonista, el capitán Keith Mallory, interpretado por un más que dudoso Gregory Peck, es veterano escalador de éxito al que se le encomienda la misión de guiar al comando aliado por el enorme acantilado de la isla. De esta guisa pretenden infiltrarse en territorio enemigo, evitando ser descubiertos y así poder destruir los diabólicos cañones. Por el camino tenemos retos imposibles, tormentas apoteósicas, traiciones, amigos heridos y enemigos perseguidores, incluso suero de la verdad. ¿No suena esto un poco manío? Pero como digo, esta percepción se debe al hecho de que ya hemos tenido cincuenta años de historias sobre la Guerra en la vieja Europa, y ya es difícil que nos sorprendan con guiones frescos. Es algo que le debemos perdonar a J. Lee Thompson y sus cañones. Lo que tenemos entre manos es un clásico, una historia de carácter épico que bebe del sentimiento aventuresco de la época. No le podemos pedir más que lo que hay.

Los Cañones de Navarone. Esta escena es surrealista completamente.

Las interpretaciones quizás sea lo mejor de la película, en cuanto a credibilidad. Pero en ningún caso gracias a Gregory Peck. Después de ver esta película, el pobre hombre se reafirma como un actor con cara de papel cartón, con poca expresividad. Eso sí, un flequillo que se mantiene impertérrito durante las dos horas de película. Una pena que la película se centre tantísimo en su figura. Por el contrario, a mí entender, el mejor personaje de todos es el profesor de química y experto en explosivos Dusty Miller, interpretado por el veterano David Niven. Sus dilemas éticos, arranques de enfado y algún que otro momento Agatha Christie resulta lo más interesante y creíble. Por citar a otro actor correcto, pero que flojea en alguna que otra ocasión, es Anthony Quinn en su papel de griego Andrea Stavros. El resto de personajes, incluidos los pocos femeninos, son un paseo de rostros sin mayor interés. La interpretación de la chica muda es pésima, por lo que su escarceo con Gregory Peck produce cierta repugnancia y su desenlace se vive con la frialdad del extremo opuesto de la galaxia.

Los Cañones de Navarone. Momentazo detectivesco y desenlace.

Y si esto es lo mejor de la película, ¿qué ocurre con el resto? Bueno, ganan 1 punto por localización: la isla de Rodas (de la que reconocido el 70% de la película). Aunque no escatiman en atrezzo militar, bastante decente, hay un par de puntos bastante urticantes. El primero es el uso y sobreuso de la llamada "noche americana". Seguro que reconoceréis la técnica en multitud de películas antiguas en las que la sensibilidad de la cámara impedía realizar tomas nocturnas. En su lugar, para simular las horas de noche se utilizaba un filtro de color azul y se rodaba a plena luz del día. El resultado es espantoso. Con unas sombras kilométricas y unos reflejos en el mar para los que sería recomendable utilizar gafas de sol. Por otro lado, las tomas grabadas en estudio son bastante vergonzosas. Rocas de cartón, nieve de mentira, interiores de usar y tirar... Por poner un ejemplo, la escalada del gigantesco acantilado se convierte en un desfile de reptiles por parte de los personajes en un intento de simular la fastuosa subida. Y eso me da que no es falta de recursos, porque 6 millones de dólares se pueden gastar en muchas cosas, sino falta de técnica.

Como curiosidad, comentar que me ha sorprendido enormemente la cantidad de tabaco que se ventilan durante el largometraje. Todos los personajes fuman varias veces a lo largo de la película, ya sea con pitillos o en pipa. Apenas hay dos planos seguidos sin tabaco, cuyo humo es de una densidad que casi se puede oler.

En definitiva. Una película que en términos generales resulta decepcionante, pero que debió suponer un hito en su época. Hoy en día está superada por muchas películas bélicas con una carga sentimental, aventurera, histórica o trasgesora mucho mayor. Sus actuaciones no son memorables ni tiene escenas para el recuerdo. Mis condolencias para los compañeros de Gregory Peck.

Los Cañones de Navarone. Por Fin!.

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La Retina Digital. Capítulo I

Negativizar el positivo

Imaginemos que tenemos en nuestras manos una camára analógica (sí, de esas que van con película), y nos disponemos a hacer una foto de, digamos, nuestro propio reflejo en el retrovisor de una Vespa. Pues bien, la tarea de recuperar ese retrato hasta que podamos vernos a nosotros mismos es un alarde de fotoquímica e ingenio humano. Desde luego, no estoy contando nada nuevo, pues la fotografía ya viene respaldada con más de cien años de historia. Pero, la verdad, es que curioso es un rato.

El proceso fotográfico analógico trae consigo, de manera intrínseca, la necesidad de transformar la película, donde se toma la foto propiamente dicha, en un soporte físico que sea fácilmente reproducible. Este proceso, el revelado químico, consiste básicamente en transformar la película fotosensible en un material que ya no vuelva a reaccionar frente a la luz y pueda ser expuesto al medio ambiente. Esto se consigue mediante la consecución de varios químicos que, trabajando sobre la propia película, modifican su composición química a la vez que retienen la imagen. Esto se hace mediante el trabajo en equipo de los ilustres don Revelador, don Baño de paro, don Fijador y el no menos honorable don Lavado. Todos ellos, como si de un club social modernista se trata, tienen sus propias formas de actuar según el "estatus social" de los miembros (digamos, marcas de carrete) que vengan a participar de esta fiesta que es el revelado químico. De esta forma, una vez todos han quedado satisfechos, se obtiene el llamado "negativo", una imagen de luces y sombras invertidas que ha dejado de ser fotosensible. El siguiente paso es, lógicamente, obtener la fotografía final que reproduce fielmente aquello que fotografiamos y es fruto de nuestra visión fotográfica/artística y de nuestro trabajo en el laboratorio de revelado químico. Por ejemplo, nuestro ansiado retrato,


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Genial, ya tenemos la foto. Ahora podemos deshechar el negativo y guardar o exponer nuestra amada fotografía.



Pero todo este follón parece haber quedado un poco obsoleto con la nueva era digital. Gracias a las nuevas generaciones de cámaras digitales, la imagen que descargamos directamente en nuestro ordenador es aquella que ya veíamos por el visor de la misma. ¡Eureka! Hemos conseguido reducir un proceso tan tedioso como preparar la fiesta del revelado en unos pocos clicks de ratón. Por supuesto, esto elimina el romanticismo de experimentar con productos químicos, moverse bajos luces infrarrojas y reconocer olores tan peculiares como los de don Revelado o don Baño de paro. Fantástico.

Y ahora yo me pregunto. ¿qué ocurre con eso que habíamos llamado "negativo"? Muy sencillo: parece haber desaparecido. En mi escasa trayectoria fotográfica, que ha surgido directamente en la era digital, no ha dado señales de vida. Claro, en los mundos del .jpg, .tiff, .giff y otros primos de nombres parecidos no existe. ¿Qué sentido puede tener hablar de él?

Pero, ¿es que no tiene ningún valor artístico por sí mismo? ¿no es más que un mero portador de imagen hasta alcanzar aquella fotografía que andábamos buscando en la era analógica? ¿no tiene cabida en la era digital? Pues, desde mi humilde opinión, creo que es un error.

Ahora bien, así como la era digital nos ha ahorrado la labor en un cuarto oscuro, también nos ha trasladado irremediablemente (por lo menos a aquellos que nos gusta) a la pantalla del ordenador. Indudablemente, éste es el nuevo estudio del fotógrafo. Y es aquí dónde una de las nuevas herramientas nos permite transformar "negativos analógicos" que previamente hemos escaneado en papel, en una imagen digital "real", es decir, con las luces y sombras correctos (e incluso los colores para los "negativos en color"). Con el programa Adobe Photoshop, por ejemplo, esto se puede hacer mediante la herramienta Imagen/Ajustes/Curvas/Negativo(RGB) tal y como vemos a continuación.


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¿No es curioso? Vale, estupendo. Ahora os propongo una cosa. ¿Y si vamos un poco más allá y le damos la vuelta a la tortilla? No es una idea tan peregrina, y a poco que nos interese algo experimentar enseguida podemos probar a utilizar una imagen "positiva" e intentar "negativizarla" mediante esta herramienta. Lógicamente, se obtiene la imagen inversa a la original. Lo interesante de este método es conseguir resultados nuevos y diferentes, que estén algo lejos de lo que solemos ver por ahí.


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Mi propuesta no es otra que intentar darle cierto valor artístico a estas imágenes invertidas, que no son más que intentos de "negativizar un positivo", tal y como titulaba al principio. Después de una temporada probando, he encontrado que las imágenes que mejor funcionan de esta forma son aquellas con una gran carga abstracta. Por supuesto, de nada sirve tomar una fotografía periodística del terremoto de Haití e invertirla, porque es definitivamente contraproducente. No se trata de eso. La idea es que el objeto adquiera un nuevo sentido, quizás una nueva perspectiva que sea sugerente a la vista. ¡Y sin perder la apariencia del color, ni mucho menos! Puede que incluso signifiquen nuevas cosas, como las siguientes imágenes. La primera, unas luces navideñas convertidas en una bacteria al microscopio. La segunda, una farola en las calles de Toledo transformada en un pozo de los deseos.


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El resultado es muy probable que no agrade a muchos. Lo entiendo. Además redunda en la herida que ha abierto el retoque digital hoy en día. ¿Una foto no debería ser buena sin necesidad de retoques? Buf, esto ya es demasiado peliagudo para mí. Lo que está claro es que el arte no tiene límites. Y, lejos de considerar esto arte, ya que sería demasiado presuntuoso por mi parte, voy a alegar que a mí personalmente es una forma de expresión que me interesa seguir explorando. Veremos qué nuevos trabajos puedo encontrar de esta forma.

No quiero pretender con esto haber descubierto América, ni muchísmo menos. Simplemente son razonamientos que me hicieron experimentar un poco con este llamado procesado digital. Así también le doy un poco de sentido a esa sección de mi galería que he llamado "Affirmative".

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De Conos, Bastones y otros Tecnócratas. Capítulo I

Renos noruegos, símbolos migratorios

Por todos es bien conocida la estrecha relación entre Noruega y los renos. Más allá de esa visión invernal y navideña de los animalitos pastando bajo la nieve, la realidad esconde alguna que otra curiosidad. A mí personalmente siempre me han parecido tener un exotismo especial al ser casi un símbolo de una región tan lejana y ajena a nosotros. Pero, ¿son realmente un símbolo de otro tipo? Indudablemente.


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Los renos comunes, más inteligentemente denominados Rangifer tarandus, y sus respectivas subespecies se han extendido por muchísimas regiones árticas y subárticas del norte de Europa y América, su hábitat natural. Pero, sorprendentemente, incluso existen renos noruegos al otro lado del globo en la isla Georgia del Sur, un territorio inglés a 1390 km al sureste de las islas Malvinas, dónde fueron introducidos a principios del siglo XX y conviven con líquenes, ratas y los típicos pájaros migratorios del océano Atlántico sur. Además, los franceses también han introducido unos pocos miles en las islas subantárticas de las Kerguelen.

Pero, lejos de esta anécdota, es precisamente en toda escandinavia donde se localiza la mayor población de renos domesticados del mundo. Y es que la tradición del pastoreo sami se remonta muchos siglos en el tiempo. En Noruega, los vestigios de la conexión entre renos y humanos consta desde hace miles de años. Ya en el año 98 d.c., el historiador romano Tácito escribió sobre la gente de Thule, esa isla al norte de Gran Bretaña y en el borde del fin del mundo actualmente asociada a las costas noruegas, quienes se vestían con pieles, cazaban renos y utilizaban skies para desplazarse. En el siglo IX, el líder noruego Ottar visitó al rey Alfredo y su corte inglesa, a los que habló sobre el pueblo lapón y sus hábitos sobre la domesticación de los renos en numerosos rebaños. Esta es la primera fuente escrita sobre la cría del reno domesticado, aunque hay fuentes arquelógicas que lo datan mucho antes. Desde entonces, muchas comunidades sami continúan tomando de los renos muchos de sus recursos, tales como carne, leche, transporte, pieles para fabricar ropa, etc. Esto ha hecho que, hoy en día, los 250.000 renos que viven en el norte de Noruega permanezcan en un estado de semi-domesticación, dedicándose principalmente a la venta de carne. Esta situación es muy distinta a la de otras partes del mundo, como en el mismo sureste de Noruega, donde todavía quedan algunas comunidades salvajes.

Pero lo que realmente me ha hecho escribir esta entrada sobre renos ha sido una fotografía muy curiosa que he descubierto en el último número de National Geographic. Esta simpática imagen muestra a un grupo de renos embarcando en unos de los muchísimos transbordadores que se emplean para atravesar los fiordos en todo el país escandinavo. Durante unas seis horas de fría noche otoñal los montan hasta en rebaños de unos 600 en el barco de camino al que será su refugio durante el invierno en unas islas del norte. Está claro que las cosas no son cómo en tiempos de Ottar, y ahora los sami se han encontrado con algunos obstáculos nuevos en su camino. Pese a la aparente virginidad de las tierras polares de Nordland, Troms y Finnmark (las regiones norteñas de Noruega), ya se han extendido hasta allí el ansía humana en su afán por construir sus edificaciones veraniegas, industrias petroleras y de gas, parques eólicos y tendidos eléctricos. Así surge esta necesidad de transporte alternativo, bien en barco, bien en camión, hacia nuevas zonas donde poder pastar.


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Esta historia me trae recuerdos de Tromsø, esa bella ciudad noruega en una gélida isla apenas unida al continente por un puente muy pintoresco. Me explico. Después de tres días allí, al final quedó grabado en mi memoria un símbolo que repetían hasta la saciedad. Es éste:

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¿véis? El escudo de armas es un reno blanco sobre campo de azur. O como más elegantemente definía el autor del emblema, allá por 1941, I blått en gående sølv rein. Por supuesto, no es el único escudo de armas noruego en el que aparece un reno. Las otras cinco regiones que comparten este cérvido estandarte son Eidfjord, Porsanger, Rendalen, Vadsø y Vågå.

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Concretamente, el emblema de Eidfjord representa, como puede verse, no sólo la cornamenta de un ejemplar, sino que nos recuerda los ríos que corren desde las montañas hasta el fiordo que le da nombre.

Me encantan los emblemas noruegos, invitan a coleccionarlos todos. Pero creo que eso quizás sea un tema para otra historia.

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El Humor Vítreo. Capítulo I

abstruse goose (creation)

"... en el cielo

  1. Aquí están los planos para la Creación del universo.
    • Empezad inmediatamente.
    • Sí, Señor. Empezaremos enseg... Espere.
  2. ¿Quiere que el universo tenga 10 dimensiones?
  3. Sí, exacto. Bueno, no, espera. Que sea de once dimensiones.
  4. Pero no más de once, que ya doce sería una tontería. ¿De acuerdo?
  5. Y aseguraros de que todas las dimensiones excepto cuatro estén tan arrugadas y sean tan pequeñas que nadie pueda verlas.
    • Poneos a trabajar. ¡Venga!
    • Sí, Señor.
  6. ...
  7. Tenéis razón. Está como una cabra."


Abstruse Goose es una web que recomiendo altamente. La montó allá por mayo de 2008 un, como el mismo se autodenomina, dibujista norteamericano, que dice vivir con su novia imaginaria cerca de Filadelfia. En ella (la web) recopila sus pequeñas historietas y dibujos con un contenido satírico bastante peculiar, normalmente sobre temas científicos o matemáticos. El pobre reconoce no dibujar muy bien, pero eso también es un factor que le ayuda a transmitir, con su extrema simpleza, las ideas y connotaciones divertidas que intenta plasmar en sus dibujos. En sus viñetas aparece frecuentemente un personaje de gorra azul, una imagen que a tomado de sí mismo, pues dice llevarla a todas partes. También ha colgado un libro en pdf que se puede descargar desde su propia web en el que recoge sus primeros 100 trabajos, acompañados de notas aclaratorias sobre los conceptos científicos o matemáticos a los que se refiere, y pueden ser muy interesantes para el profano o el que quiera profundizar en el tema. Una manera genial de ver la ciencia de una perspectiva diferente.

En cuanto al propio nombre de "Abstruse Goose", la verdad es que me ha llamado mucho la atención. Parece muy peculiar. Traducido literalmente, viene a decir algo del calibre de "Ganso abstruso". Y sí, abstruso es una palabra española, que no me la he inventado yo. Leo literalmente del diccionario María Moliner de la lengua española:

abstruso, -a. (Del latín "abstrusus", der. de "trúsedere", empujar, antecedente también de "intruso". Adj.) Se aplica a las cosas que exigen gran esfuerzo de la inteligencia para comprenderlas.

Pues me quedo con este complicado ganso y la futura idea de explicar un poco qué es eso de un universo arrollado de once dimensiones.

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Al otro lado del Cristalino. Capítulo I

Sin más dilación, hoy inauguramos blog y sección. Voy a empezar haciendo un repaso rápido a los primeros capítulos de una serie que empecé a ver hace unos días (vía muchas recomendaciones). Con todos ustedes...


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Alea jacta est!

Se trata de una serie del año 2005, emitida en Estados Unidos por la cadena de pago HBO, y hecha en colaboración con la (muy grande y muy noble) BBC británica y la RAI italiana. Aquí en España ya se ha emitido, pero obviamente prefiero verla en versión original (sin rencor).

Advierto que no pienso morderme la lengua, así que es posible que suelte más de un spoiler descontrolado. Bueno, vamos a ello.


Rome 01x01: The Stolen Eagle

Este capítulo representa la prueba de fuego, la toma de contacto. Las espectativas eran elevadas, por lo oído y lo poco visto. Y la pena es que comienza bastante flojo, un brevísimo contexto histórico, y ya estás metido en faena, perdido entre un vestuario y unas escenas que parecen algo bajas de presupuesto. Pero enseguida remonta.

Eres testigo de la caída de la Galia y es cuándo notas ese aura que despide Cayo Julio César. ¡Menudo elemento! Nada que ver con ese icono delgaducho y abuelete de los cómics de Asterix. Me temo que mi enfoque romano está bastante herido y necesita una buena cura de realidad. Esta serie ya empieza prometiéndome remedios.

Por lo demás, el capítulo es una sucesión de personajes que se te presentan ante tus ojos, todos ellos nobles: Lucio Voreno, Titus Pullo, Pompeyo, Marco Antonio, Bruto, Atia, Octavio, etc. Todos ellos con unos nombres en latín estupendos y que en inglés suenan la mar de anglosajones.

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Rome 01x02: How Titus Pullo Brought Down The Republic


¿Hace falta ser más explícito? Después de unas desventuras más o menos gratuitas para enseñarte la mezquindad romana, se monta un revuelo de palomos en el senado. En general las actuaciones son bastante modestas, aunque la mujer de Voreno no me termina de gustar. Ya sé que no voy a conseguir que hagan la serie en latín, pero es que manda narices que cada actor tenga un acento distinto.

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Rome 01x03: An Owl In A Thornbush

Inocente y poco creíble intento de Voreno por aceptar consejos amorosos del mujeriego Pullo. ¿De verdad esperan que me lo crea? Por mí, podía seguir siendo un cabronazo con su mujer, así tendríamos un antihéroe de protagonista. Pero bueno, aceptaremos que por ahora intente ser bueno. Veremos a ver qué ocurre cuando se entere de los cuernazos que lleva en la cabeza.

Por lo demás, gracioso cómo acaba el dinero del tesoro del senado en manos del señor Pullo. Se empeñan en presentárnoslo como un actor cómico, con una cara demasiado bobalicona. ¿Dónde las miradas frías, dónde las malas palabras, dónde los gestos rudos? Por ahora está un poco floja en cuanto al carisma de estos personajes.

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Rome 01x04: Stealing From Saturn

Genial comparación de clases sociales. La metáfora se basa en comparar a la vez las fiestas preparadas por Atia, una pérfida y rica mujer, y por nuestro hombreparatodo Voreno, ahora legionario, ahora comerciante de esclavos.

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Ahora, les propongo a los señores productores de Roma (HBO) que hagan un spin-off. Llamémosle César. ¿Realmente es el único actor/personaje que va a merecer la pena? Ciarán Hinds, actor que le da vida, se come la pantalla cada vez que sale. Estoy continuamente esperando a verle el rostro impasible, lleno de palabras sabias y misericordia. Buenísima la escena de su ataque por la "enfermedad de los Comicios" y el guiño del "después".

Tampoco quiero que suene demasiado crítico, porque la serie en general es muy interesante. La ambientación es una pasada: buenos decorados, buen vestuario, buen maquillaje... Hacen un esfuerzo porque no se note que han comprado el atrezzo en el mercadillo el día de antes (series/películas que chirrían de lo limpio y nuevo que está todo, vamos) y es de agradecer. Las tomas son muy correctas, con planos bastante cortitos. Se hechan en falta planos más abiertos, de edificios, arquitectura, etc. Llevo cuatro capítulos de Roma, ¡y todavía no he visto Roma! (salvando las callejuelas de siempre, claro).

Termino incluyendo el video de introducción de la serie, que me encanta su música.


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Destapando la caja de colores

Con este tostadito mensaje de bienvenida comienzo mi aventura en la enorme blogosfera. Quiero aprovechar para hacer un poco de ordenamiento de ideas mientras acomodamos las necesidades a este formato, pues todavía hay que terminar de pulir el aspecto de la página.

Entiendo y considero que suena a topicazo, pero me considero:
  1. Bastante aficionadillo al cine, dónde puedo disfrutar de una buena peli como de una espantósamente mala (aunque no tolero que me tomen el pelo).
  2. Consumidor reconocido de televisión, pero que hace uso de su poco tiempo libre en elegir cuanto mejor puede lo que ve/se descarga de ella.
  3. Lector nocturno de novelas de fantasía, suspense y ciencia ficción.
  4. Curiosillo por la ciencia y la tecnología, sobre todo por las sorpresas que se descubren cada día.
  5. Fotógrafo ocasional y con muchas necesidades (y ganas) de aprender.

Por todo esto, en principio he pensado orientar este blog en una especie de diario enfocado o dividido en ciertas secciones según las ideas que quiera comentar al respecto de todo aquello con lo que más me identifico. Se me han ocurrido algunas secciones, con unos nombres acorde con el propio nombre del blog, a ver qué tal suenan escritas:

  • El (En)nervio Óptico -> Un enchufazo al cerebro dedicado a mis críticas cinematográficas.
  • La Retina Digital -> Para todo lo que esté relacionado con el tema fotográfico. Puede ser curioso e interesante que comente algunos de mis retoques fotográficos o técnicas que vaya descubriendo por ahí.
  • Entre Parpadeos Narrativos -> Aquí estarán mis comentarios sobre lo que vaya leyendo: capítulos de libros, historietas, cómics, frases célebres, citas...
  • De Conos, Bastones y otros Tecnócratas -> Si descubro curiosidades científicas, me parece una buena oportunidad de hacerlas notar! Incluso podría intentar contar aquello que vaya descubriendo en las clases universitarias.
  • Al otro lado del Cristalino -> Un sitio dónde pueda deshaogar mis frustraciones o maravillas televisivas.
  • El Humor Vítreo -> Para cositas que me hagan gracia :)
  • Más allá del Iris -> A modo de miscelánea, todo lo que no me encaje en las otras secciones.

Lo fundamental de un blog, y ya he estado siguiendo algunos durante un tiempo, es tener cosas que contar. Y, a poder ser, frescas e interesantes. Marcándome estas secciones desde un principio al menos me marco un objetivo/meta a seguir para no perderme e intentar mantener una constancia. El proyecto es grande. Pero tampoco hay prisa.

Y sin más, abrimos por fín este Ojo Estenopeico.

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