El (En)nervio Óptico. Capítulo I

Los tostones de Navarone

Un poster muy apoteósico, fantástico.

  • Título original: The Guns of Navarone
  • Dirigida por: J. Lee Thompson
  • Fecha de estreno: 22 de Junio, 1961
  • Duración: 158 min.
  • Protagonizada por: Gregory Peck, David Niven, Anthony Quinn, Anthony Quayle, Stanley Baker
  • Sinopsis: Durante la II Guerra Mundial, un grupo de hombres de la fuerza aliada planean destruir una base nazi donde se encuentran los cañones más destructivos de todo el Mediterráneo, en la isla griega de Navarone. Sólo un arriesgado plan será capaz de evitar la muerte de miles de personas, la destrucción de una flota aliada y enderezar el curso de la guerra.

Con este resumen se presentaba esta película, cargada de leyenda por el paso de los años. Toda una "oldie" de casi 50 años, que ya empieza a achacar la degradación del tiempo. Mis espectativas estaban bastante altas, no sólo por los 6 millones de dólares que costó por aquella época, sino por las buenas críticas oídas sobre ella. Pero no es oro todo lo que reluce, ni mucho menos.


Los Cañones de Navarone. Gregory Peck en estado puro.

La historia no nos presenta nada nuevo en realidad, sino todo lo contrario. Veamos. Todo comienza de manera algo abrupta preparando una misión que se presenta, como no, de la mayor índole suicida, pero de cuyo éxito depende la supervivencia de una flota aliada de importancia vital. Su protagonista, el capitán Keith Mallory, interpretado por un más que dudoso Gregory Peck, es veterano escalador de éxito al que se le encomienda la misión de guiar al comando aliado por el enorme acantilado de la isla. De esta guisa pretenden infiltrarse en territorio enemigo, evitando ser descubiertos y así poder destruir los diabólicos cañones. Por el camino tenemos retos imposibles, tormentas apoteósicas, traiciones, amigos heridos y enemigos perseguidores, incluso suero de la verdad. ¿No suena esto un poco manío? Pero como digo, esta percepción se debe al hecho de que ya hemos tenido cincuenta años de historias sobre la Guerra en la vieja Europa, y ya es difícil que nos sorprendan con guiones frescos. Es algo que le debemos perdonar a J. Lee Thompson y sus cañones. Lo que tenemos entre manos es un clásico, una historia de carácter épico que bebe del sentimiento aventuresco de la época. No le podemos pedir más que lo que hay.

Los Cañones de Navarone. Esta escena es surrealista completamente.

Las interpretaciones quizás sea lo mejor de la película, en cuanto a credibilidad. Pero en ningún caso gracias a Gregory Peck. Después de ver esta película, el pobre hombre se reafirma como un actor con cara de papel cartón, con poca expresividad. Eso sí, un flequillo que se mantiene impertérrito durante las dos horas de película. Una pena que la película se centre tantísimo en su figura. Por el contrario, a mí entender, el mejor personaje de todos es el profesor de química y experto en explosivos Dusty Miller, interpretado por el veterano David Niven. Sus dilemas éticos, arranques de enfado y algún que otro momento Agatha Christie resulta lo más interesante y creíble. Por citar a otro actor correcto, pero que flojea en alguna que otra ocasión, es Anthony Quinn en su papel de griego Andrea Stavros. El resto de personajes, incluidos los pocos femeninos, son un paseo de rostros sin mayor interés. La interpretación de la chica muda es pésima, por lo que su escarceo con Gregory Peck produce cierta repugnancia y su desenlace se vive con la frialdad del extremo opuesto de la galaxia.

Los Cañones de Navarone. Momentazo detectivesco y desenlace.

Y si esto es lo mejor de la película, ¿qué ocurre con el resto? Bueno, ganan 1 punto por localización: la isla de Rodas (de la que reconocido el 70% de la película). Aunque no escatiman en atrezzo militar, bastante decente, hay un par de puntos bastante urticantes. El primero es el uso y sobreuso de la llamada "noche americana". Seguro que reconoceréis la técnica en multitud de películas antiguas en las que la sensibilidad de la cámara impedía realizar tomas nocturnas. En su lugar, para simular las horas de noche se utilizaba un filtro de color azul y se rodaba a plena luz del día. El resultado es espantoso. Con unas sombras kilométricas y unos reflejos en el mar para los que sería recomendable utilizar gafas de sol. Por otro lado, las tomas grabadas en estudio son bastante vergonzosas. Rocas de cartón, nieve de mentira, interiores de usar y tirar... Por poner un ejemplo, la escalada del gigantesco acantilado se convierte en un desfile de reptiles por parte de los personajes en un intento de simular la fastuosa subida. Y eso me da que no es falta de recursos, porque 6 millones de dólares se pueden gastar en muchas cosas, sino falta de técnica.

Como curiosidad, comentar que me ha sorprendido enormemente la cantidad de tabaco que se ventilan durante el largometraje. Todos los personajes fuman varias veces a lo largo de la película, ya sea con pitillos o en pipa. Apenas hay dos planos seguidos sin tabaco, cuyo humo es de una densidad que casi se puede oler.

En definitiva. Una película que en términos generales resulta decepcionante, pero que debió suponer un hito en su época. Hoy en día está superada por muchas películas bélicas con una carga sentimental, aventurera, histórica o trasgesora mucho mayor. Sus actuaciones no son memorables ni tiene escenas para el recuerdo. Mis condolencias para los compañeros de Gregory Peck.

Los Cañones de Navarone. Por Fin!.

1 comentario:

  1. Creo q la escena de la niña con su ramillete de flores lo calificaría cm: El Momentazo xDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD

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